El próximo 29 de diciembre, Guatemala recordará tres décadas de la suscripción del Acuerdo de Paz Firme y Duradera, un hito que marcó el fin del conflicto armado interno y abrió el camino hacia una nueva etapa democrática. En este contexto, la campaña surge como una respuesta a la necesidad de reposicionar la paz como un proceso vivo, dinámico y profundamente ligado al ejercicio cotidiano de los derechos humanos, la memoria histórica y la participación activa de la ciudadanía.
Esta campaña tiene como propósito promover la apropiación cultural de la paz y la democracia; y prevenir la normalización de la violencia y el autoritarismo. Asimismo, busca articular la memoria histórica con los desafíos actuales, fomentando una corresponsabilidad real entre el Estado y la ciudadanía en la defensa y construcción de la paz.
“La paz no es únicamente un hecho del pasado, sino una tarea permanente del presente y del futuro”, destaca la campaña, que pone especial énfasis en el papel protagónico de las juventudes y de las poblaciones históricamente excluidas. En este sentido, se apuesta por generar espacios de diálogo intergeneracional, impulsar lenguajes contemporáneos y creativos, y garantizar el acceso a la memoria como un derecho colectivo.
Guatemala enfrenta hoy nuevas formas de violencia, como el narcotráfico, el crimen organizado, las pandillas y diversas expresiones de discriminación y exclusión. Sin embargo, estas problemáticas se desarrollan en un contexto distinto al vivido antes de 1996, en el que existen herramientas democráticas, marcos institucionales y derechos conquistados que deben ser defendidos y fortalecidos.
La Campaña de Comunicación “Acuerdos de Paz 2026–2027”, enmarcada en la visión del presidente Bernardo Arévalo, tiene como objetivo transformar esta conmemoración en una acción estratégica de Estado, orientada a fortalecer la democracia y actualizar el relato de la paz. Bajo este liderazgo, se busca que las nuevas generaciones cuenten con las herramientas necesarias para sostener y defender la paz en el presente y construirla hacia el futuro.
La paz no solo debe conmemorarse como un hito histórico, sino también asumirse como un compromiso activo: proteger los avances alcanzados, enfrentar los desafíos actuales y asegurar que continúe siendo un horizonte compartido para todas y todos los guatemaltecos.
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