En el marco del 32 aniversario de la firma del Acuerdo de creación de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), la Comisión Presidencial por la Paz y los Derechos Humanos (COPADEH) llevó a cabo el conversatorio “Balances y desafíos de la memoria y la justicia en Guatemala”, realizado en el Archivo General de Centroamérica, con la participación de representantes del Estado y organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la promoción de la memoria histórica.

La actividad tuvo como objetivo principal dignificar la memoria de las víctimas del conflicto armado interno, analizar el impacto de los hallazgos de la CEH y reflexionar sobre los desafíos actuales en materia de justicia, reparación y garantías de no repetición.

El conversatorio fue moderado por Alex Petzey, investigador Maya Tz’utujil, estudiante de Derecho y líder comunitario, reconocido por su labor en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, la soberanía alimentaria y la fiscalización ciudadana, integrando el análisis académico con el activismo territorial en la lucha contra la corrupción.

Como panelistas participaron:
Noelia Peláez Bejarano, abogada y notaria especializada en derecho constitucional y derechos humanos, asesora judicial en el sector público, con formación vinculada a organismos internacionales y un firme compromiso con la memoria histórica y los derechos de las mujeres indígenas.
Luis Rodolfo Ramírez García, abogado, investigador y docente con amplia trayectoria en derecho penal, criminología y política criminal, así como experiencia en academia, organismos internacionales y como perito ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Patricia Ogaldes, investigadora y archivista de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), especialista en memoria histórica con más de dos décadas de experiencia en la preservación documental y procesos de justicia transicional.

Este espacio facilitó el diálogo intergeneracional y especializado sobre la trascendencia del informe de la CEH y su contribución a la memoria, la justicia y la democracia en Guatemala.

Asimismo, Flor de María Salazar, Subdirectora Ejecutiva de COPADEH, destacó que la construcción de la paz en Guatemala implica abrir espacios para la verdad, reconociendo a las víctimas y rompiendo los silencios históricos.

“La construcción de la paz no puede sostenerse sobre el silencio; requiere reconocer el dolor de las víctimas y colocar la verdad en el centro de la vida democrática”, expresó, subrayando que esclarecer el pasado permite dignificar a las víctimas y fortalecer la conciencia colectiva del país.

La Subdirectora resaltó que el legado de la CEH continúa vigente como guía para la formulación de políticas públicas orientadas a la reparación integral y a la protección de los derechos humanos, señalando que sus recomendaciones han contribuido a instrumentos recientes como el Plan de Reparación y Dignificación de Víctimas y otros mecanismos institucionales impulsados por el Estado.

Lectura de la carta del Dr. Christian Tomuschat

Como parte de la agenda del evento, las palabras del Dr. Christian Tomuschat fueron leídas por Benito Morales Laynez, abogado, notario y activista guatemalteco de origen Maya K’iche’, con trayectoria en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y en el fortalecimiento del acceso a la justicia con pertinencia cultural.

Tomuschat es profesor emérito de la Facultad de Derecho de la Universidad Humboldt de Berlín. Asimismo, fue miembro de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas y es miembro del Instituto de Derecho Internacional.

En su carta, el Dr. Tomuschat relató:

Recibí la invitación a participar en la celebración del 32 aniversario de la firma del Acuerdo de Oslo, en el contexto de los 30 años de la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera como un recuerdo agradable de mis actividades para el beneficio de su país a través de las Naciones Unidas (NU).

Para mí, el trabajo en Guatemala como coordinador de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) fue uno de los puntos culminantes de mi actividad práctica en las NU después de haber servido antes como relator encargado de analizar la situación de los derechos humanos en Guatemala según directivas de la Comisión NU de los derechos humanos.

Fue un honor específico ser seleccionado para esta misión en una situación en la cual las querellas y disputas de las decadas precedentes todavía no habían desaparecido completamente. La CEH con sus tres miembros, Otilia Lux de Cotí, Alfredo Balsells y mi persona, fue acogida con mucha buena voluntad a pesar de ciertas dificultades iniciales. Esencialmente, la financiación debía ser garantizada por países amigos de Guatemala. Quisiera mencionar en primer lugar Suecia y Noruega que desde el primer momento nos ofrecieron su apoyo generoso.

La tarea de la CEH estaba expuesta en términos muy claros en el preámbolo del Acuerdo del 23 de junio de 1994. Para los tres miembros de la CEH significaba un compromiso que aceptaron sin reservas y con entusiasmo. Como se sabe, nuestra investigación se terminó en febrero de 1999 con una sesión abierta al público en la presencia de altos representantes del Gobierno de Guatemala, incluído el Presidente. Fue publicado un informe en 12 volúmenes (y una versión abreviada de un tomo) en castellano e inglés; el pueblo y la prensa de Guatemala acogieron el informe como un manifiesto por la verdad y la justicia. Muchas esperanzas se conectaban con el informe para un futuro mejor en el pleno respecto de los derechos humanos inscritos en la Constitución de Guatemala y los instrumentos relevantes establecidos en la Organización mundial y sus Estados miembros.

Desafortunadamente, la comunicación entre la CEH y las autoridades gubernamentales dejó de funcionar después de mi salida de Guatemala, luego de la presentación pública del informe. No me llegaron noticias oficiales sobre la ejecución de las recomendaciones de la CEH. Palabras de reconocimiento del trabajo de la CEH no se podían notar. Solamente por la prensa pude informarme durante los años siguientes sobre el proceso de reparación de los daños causados durante el enfrentamiento armado y las otras medidas tomadas para re-establecer en la población un clima de optimismo y sin miedo de actos de represión. Sin embargo, por muchos canales informales pude observar que nuestro informe sigue siendo invocado por la población como un catálogo de medidas importantes que cada gobierno debería llevar acabo con afán y energía.

Quedando un profundo amigo del pueblo de Guatemala, me permito formular el deseo que los Gualtemecos puedan continuar la lucha por vivir en paz y armonía en su comunidad latinoamericana y con el apoyo de la comunidad internacional, sin ser afectados por hostilidades internas, guerras internacionales y calamidades naturales. Estoy convencido de que Guatemala con su actual Presidente posee todas las capacidades y todos los recursos para proveer a su población de una vida en seguridad y con alegría de vivir.

Berlin, Alemania. 23 de junio de 2026

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