La paz viva: memoria, verdad y democracia
Por: Elvyn Leonel Díaz Sánchez
Desde la Comisión Presidencial por la Paz y los Derechos Humanos asumimos este proceso como una oportunidad para volver a colocar la paz en el centro de la conversación pública. Pero no una paz entendida como palabra distante, consigna institucional o aspiración abstracta. Hablamos de Una Paz Viva: una paz que se sostiene en la verdad, se fortalece con la memoria, se expresa en democracia y se concreta cuando los derechos humanos ocupan el centro de las decisiones públicas.
En tiempos en que la verdad enfrenta ataques, relativizaciones y silencios interesados, resulta necesario reivindicarla como un faro. La verdad permite comprender el daño, reconocer responsabilidades históricas y dignificar a las víctimas y a sus familias. Es indispensable para toda reconciliación auténtica, porque la reconciliación no nace de negar lo ocurrido, sino de asumirlo con honestidad, justicia y responsabilidad colectiva.
Por eso, mantener viva la memoria no es un gesto simbólico ni una mirada detenida en el pasado. Es una exigencia ética. El olvido, cuando se impone sobre la verdad, termina convirtiéndose en un culto a la mentira. Una sociedad que renuncia a recordar queda expuesta a repetir aquello que alguna vez prometió no volver a permitir. En Guatemala no se puede hablar de paz sin hablar de memoria, ni de futuro sin reconocer lo que pasó.
La paz que evocamos tampoco se agotó con la firma de los Acuerdos. La firma fue un punto decisivo, pero no el final del camino. La paz se construye, se defiende y se actualiza cada día. Es resultado del diálogo, de la cooperación y de la convicción de que los conflictos pueden resolverse sin violencia. Tiene un carácter democrático, porque exige participación, escucha institucional y respeto a la dignidad de todas las personas.
De ahí que una convicción central sea clara: no hay paz sin democracia, y no hay democracia sin derechos humanos. La paz no se sostiene donde hay exclusión, miedo o debilitamiento de derechos. Tampoco se sostiene cuando la ciudadanía pierde la posibilidad de participar, incidir y confiar en sus instituciones. La democracia no es solo un mecanismo electoral; es convivencia pública basada en dignidad, responsabilidad e inclusión.
Esta conmemoración convoca a las nuevas generaciones. Ellas deben saber que la paz no fue inevitable. Costó. Se negoció. Se construyó paso a paso. Y por eso debe ser protegida. La memoria no debe transmitirse como una carga, sino como una responsabilidad compartida; como herramienta para comprender el presente y defender un futuro en el que la violencia y la denegación de justicia no vuelvan a imponerse.
La Campaña Acuerdos de Paz busca llegar a territorios, comunidades, aulas y espacios públicos. Busca hablarle a la ciudadanía. Su propósito es que la paz deje de ser un concepto lejano y se convierta en una experiencia concreta: acceso a derechos, convivencia democrática, reconocimiento de la memoria y compromiso cotidiano con la dignidad humana.
Defender la paz hoy significa no ser indiferentes, no normalizar la exclusión y comprender que cada retroceso democrático la debilita, así como cada acción en favor de los derechos humanos la fortalece.
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